La vuelta al trabajo, a la rutina, después de las vacaciones

A la vuelta de las vacaciones, a menudo volvemos con nuevos propósitos, planes, retos, ilusiones para abordar en el nuevo curso. Esa conocida y sonada frase “a partir de septiembre, voy a hacer esto, aquello, me propongo…” os suena?  Un poco, verdad? 

Cada vuelta de vacaciones, cada uno de nosotros volvemos de maneras diferentes: por ejemplo,  unos con mucha energía y empuje; otros con menos energía y más anhelo de las próximas vacaciones, mirando el calendario y contando los días para el próximo puente.

Cómo lo vives?  De qué me sirve reconocer como abordo mi vuelta? Pues para adaptar nuestro regreso a nuestros ritmos y tiempos, a nuestras propias rutinas y horarios.

Cualquiera que sea la forma en la que hagas la vuelta, aquí os pasamos algunas ideas que a nosotros nos facilitan el cambio “de las chanclas a las chaquetas”:

1.      Piensa y acepta que estás en un proceso de adaptación. Si te cuestan de normal los cambios, date unas semanas para ello, con tranquilidad, reconociendo que estás poniendo los motores en funcionamiento. Funcionas más como un coche eléctrico/híbrido, que si le pisas al acelerador nada más salir no lo optimizas, gastas más energía y no aprovechas como poco a poco va cogiendo velocidad.

Si eres de gasolina, pues pisa a fondo y a por ello!

2.      Date cada día una recompensa: dedica todos los días un ratito para hacer algo que te gusta, algo que te haga disfrutar, no una obligación, sino un “gustazo”.

3.      Nuevos proyectos y retos: incorpóralos poco a poco en tu rutina, busca que lo que incorpores sea sostenible en el tiempo. Por ejemplo: Cuánto de sostenible es en tu vida ir las primeras semanas al gimnasio todos los días? Cuantos días sí son sostenibles y te va a permitir incorporarlo en tu vida, en rutina en el largo plazo y por tanto disfrutar de ello y sentirte satisfecho por el logro conseguido? A veces proponemos hacer cosas en una intensidad y una habitualidad que necesita irlo haciendo poco a poco.

4.      Realiza listas de tareas que se adapten a tu ritmo. A veces caemos en la tentación (yo soy una experta en ello) de hacer listas enormes durante el subidón de energía y luego no somos capaces de terminar de hacer las cosas, con lo que podemos caer en la frustración y en el autocastigo “hay que ver, vaya tela, si es que no termino, asi no voy a llegar a ninguna parte…” provocando que nos enfrentemos a la siguiente lista, quizás con un poco menos de confianza en nosotros mismos y en que nos cueste concluir las tareas que nos hemos propuesto. Qué te da más energía, grandes listas y pocas tareas terminadas? O listas más cortas donde hagamos todas o casi todas? Tampoco nos sirve la autocomplaciencia, listas de tareas por debajo de nuestro ritmo y energía.

5.      Con las cosas que no te gustan tanto, en vez de preocuparte de ellas, ocúpate y verás como tardarás menos de lo que pensabas y tu mente estará más relajada. Pon tu energía en hacerlas y no en pensar en el rollo que supone hacerlas. No escuches a tu mente y todas sus excusas para no hacerlas, acción a ellas!

6.      Cuando empiezas a estar más cansado, (estás en un proceso de adaptación), ponte la hora feliz: haz las tareas que no cuestan mucha energía (ordenar un archivador, los bolígrafos, decorar tu zona de trabajo…)

7.      El mal humor: aceptar que estamos de mal humor, no pasa nada por estar de mal humor y expresarlo a los que tenemos cerca. Así sabrán que ellos no tienen nada que ver con nuestro estado de ánimo, simplemente nos estamos adaptando. De esta forma, permite a otros que también puedan hacerlo.

8.      Busca cada día hacer las cosas que te gustan, que te llenan de energía y motivación. En las que no te gustan tanto, puedes hacerte la siguiente pregunta ¿cómo podría gustarme esta tarea un poco más? Busca acciones que dependan de ti, así serás tú el que pueda transformar algo que no te gusta, en algo que te haga disfrutar, al menos un poquito. Esta última puedes llevarla a cabo todo el año, te animas?